Cada año, la Casa de la Moneda de Estados Unidos vende más de mil millones de dólares en monedas de oro de inversión. Cada una lleva estampado un icono como el águila calva, que significa la garantía del gobierno, exigida por ley, de que el oro es 100 por ciento estadounidense.
“Tener una moneda o medalla producida por la Casa de la Moneda es conectar con los principios fundacionales de nuestra nación”, declara la Casa de la Moneda.
Pero una investigación de The New York Times ha descubierto que el programa gubernamental de venta de oro se basa en una mentira. En realidad, la Casa de la Moneda es el último eslabón de una cadena que lava oro extranjero, en gran parte extraído ilegalmente, para un mercado insaciable.
La Casa de la Moneda compra oro procedente de una mina de un cartel de la droga colombiano. Fabrica monedas de la Dama de la Libertad con oro procedente de casas de empeño mexicanas y peruanas y de una mina congoleña que pertenece en parte al gobierno chino, según muestran los registros. Parte del oro de la Casa de la Moneda procede de una empresa en Honduras que excavó un cementerio indígena para extraer la mena que había debajo.


En 1985, el Congreso prohibió a la Casa de la Moneda fabricar lingotes de oro extranjero, con el fin de evitar que el proceso se viera involucrado en violaciones de los derechos humanos, principalmente en la Sudáfrica del apartheid. La Casa de la Moneda ha incumplido esa ley, tanto bajo gobiernos demócratas como republicanos y a pesar de advertencias internas.
Ahora, incluso la moneda de oro de 24 quilates del presidente Donald Trump, que conmemora el 250.º aniversario de Estados Unidos, podría proceder de un flujo de oro no estadounidense procedente de distintas y numerosas fuentes.
La Casa de la Moneda, el nombre más importante del mercado mundial en cuanto a monedas de oro de inversión, es un ejemplo de cómo se han derrumbado las salvaguardas del sector. Los precios del oro rondan los 5000 dólares la onza, unas cuatro veces el precio de hace una década. Esto supone un enorme incentivo para que las organizaciones delictivas y los operadores clandestinos exploten el oro de forma descuidada, destructiva y arriesgada.
