LA MAFIA DEL NO PODER: CHÉ LUCHA

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Pocos servidores públicos tan nefastos como Lucha Castro. A su paso por el Tribunal Superior de Chihuahua, Lucha dejó una estela —y no me refiero a ninguna tocaya, sino a una estela de desastres— más propia de un cataclismo propio de la naturaleza, que a las secuelas de una actividad profesional.

Impuesta a fuerza de saliva y fango, sin edad para ocupar el cargo, con un pasado oscuro plagado de excesos y abusos en contra de los servidores públicos judiciales (que incluye a varios emplumados, rapados, golpeados, insultados, vejados y cuanto dictaba la perversa inventiva de la personaja), la gestión de Lucha Castro se caracterizó por un largo rosario de tropelías y desmanes alentados desde Palacio de Gobierno.

Sin embargo, cuando se creía que Lucha estaba ausente, fuera de sí —o séase fuera de combate—, parece que se levantan polvos de aquellos lodos y, en pago a tanta sumisión, viene Lucha, de la mano de Víctor Quintana, a continuar sirviendo a su viejo amo, Javier Corral, para beneficiar a los candidatos de MORENA.

En una traición que no tiene nombre, el pseudopanista Javier Corral, con la excusa de perseguir a Maru Campos, no titubea en comprometer el futuro electoral del Partido que lo vio nacer, así tenga que llevarse entre las patas de los caballos al Poder Judicial y a cualquier otra institución que se oponga a sus equívocos intereses.

A unos cuantos meses de que termine una de las peores gestiones en el Estado de Chihuahua, con un desastre financiero en puerta, una crisis de seguridad, una catástrofe en materia de salud y sin avances en educación, el panorama político se anticipa oscuro, confuso y quizá hasta violento pues quien debería poner orden y ejemplo, es el principal responsable de la barbarie y el canibalismo políticos que se viven en la Entidad.

¿La prueba? El nivel de los operadores del Gobierno, si así se les puede llamar a tales engendros. Lo dicho: ché Lucha.


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