La salida del pequeño cuerpo de Eitan Daniel del Servicio Médico Forense, la mañana de este viernes, no solo marcó un paso más en el proceso legal, sino que dejó una profunda herida abierta entre la comunidad, que aún no logra comprender la magnitud de este hecho.
El niño, de apenas 18 meses de edad, fue presuntamente asesinado por su propia madre en un caso que ha generado consternación, tristeza e indignación. Fue su abuela paterna quien, con dolor evidente, acudió a identificar oficialmente el cuerpo para poder darle sepultura, según informó la Fiscalía de Distrito Zona Norte.
La historia de Eitan Daniel ha estremecido a la población desde el pasado 10 de marzo, cuando su cuerpo fue encontrado sin vida dentro de una bolsa, abandonado entre un matorral seco al surponiente de la ciudad. La crudeza del hallazgo marcó el inicio de días de incertidumbre y exigencia de justicia.
Las investigaciones avanzaron hasta que el 18 de marzo fue detenida la madre del menor, identificada como Vianey Esmeralda H. G. De acuerdo con las autoridades, los trabajos de investigación y trazabilidad permitieron reconstruir los hechos: el niño habría sido asesinado al interior de un domicilio en la calle Durazno, para luego ser trasladado durante 34 kilómetros en transporte público y servicios de plataforma digital, hasta ser abandonado en el desierto.
Más allá de los datos oficiales, el caso ha dejado una sensación de profundo dolor colectivo. Vecinos, familias y ciudadanos han expresado su pesar ante la violencia que alcanzó a un ser tan vulnerable, generando un silencio incómodo y una reflexión inevitable sobre la fragilidad de la infancia frente a entornos de riesgo.
Hoy, mientras su cuerpo finalmente podrá recibir sepultura, queda en el ambiente una mezcla de tristeza y exigencia de justicia. Eitan Daniel ya no está, pero su historia permanece como un recordatorio doloroso que ha sacudido a toda una comunidad.
