Dicen que en la política la forma es fondo, pero para Adriana Terrazas Porras, la forma parece tener más bien una textura de camaleón. La política juarense, experta en el arte de la supervivencia institucional, ha vuelto a dar señales de vida tras meses de un estratégico silencio, y lo ha hecho con el cinismo que solo dan décadas de “brincar” de liana en liana.
De la “Oscuridad” a la Ola Naranja
Apenas hace unos meses, Terrazas Porras fungía como la flamante representante del gobierno panista de Maru Campos en la Ciudad de México, un premio de consolación (o pago de favores) tras su estrepitosa y conflictiva salida de Morena. Pero el agradecimiento al PAN parece haber caducado pronto.
Esta semana, doña Adriana apareció muy sonriente en las filas de Movimiento Ciudadano, posando como si siempre hubiera sido “fosfo-fosfo”. Resulta irónico que quien ayer juraba lealtad a la Cuarta Transformación, y hoy cobra en la nómina del conservadurismo estatal, ahora pretenda venderse como la “tercera vía” ciudadana.
Una trayectoria sin brújula moral
Para quienes tienen memoria corta, vale la pena recordar el currículum de Terrazas:
- El PRI de antaño: Donde fue jefa en Juárez y escaló posiciones bajo el viejo régimen.
- Morena: Donde llegó a la Presidencia del Congreso del Estado, solo para terminar de pleito con sus propios compañeros, quienes la acusaron de traición y de servir a intereses ajenos al movimiento guinda.
- El Gobierno del PAN: Donde encontró refugio inmediato tras ser repudiada por los morenistas.
- Movimiento Ciudadano: Su nueva aventura, donde ya se especula que busca desesperadamente asegurar una diputación para el 2027.
¿Militancia o agencia de colocaciones?
La reaparición de Adriana Terrazas en la coordinadora nacional naranja no es una cuestión de convicciones ideológicas —pues ha demostrado no tener ninguna—, sino una clara maniobra de supervivencia política.
¿Qué le ofrece Terrazas a Movimiento Ciudadano? Seguramente no votos frescos ni una imagen de renovación, sino la maña de quien sabe negociar su lealtad al mejor postor. Para el partido de Dante Delgado, recibir a figuras con este desgaste es un riesgo: corren el peligro de convertirse en el “depósito de chatarra” de otros partidos en Chihuahua.
La pregunta para el electorado es simple: ¿Alguien puede confiar en una candidata que cambia de principios con la misma facilidad con la que cambia de logo en su chaleco? Doña Adriana ha salido de la oscuridad, sí, pero solo para ver qué nueva posición puede “amarrar” antes de que se le apague la luz de la nómina pública.
