En el siempre complejo ajedrez de la política, hay quienes optan por mover piezas con estrategia, convicción y trabajo honesto, y quienes, ante la falta de argumentos o propuestas reales, recurren al viejo recurso del ataque y la difamación. En días recientes, Gerardo Rivas, aspirante a la dirigencia del PAN en Ciudad Juárez, se ha convertido en blanco de esta segunda táctica: la guerra sucia.
A través de su cuenta de Facebook, Rivas denunció que se han difundido mentiras y columnas con el objetivo claro de sabotear su proyecto político. Sin embargo, lejos de replegarse o entrar al mismo juego, respondió con firmeza: “Recurrir a mentiras y columnas para intentar un sabotaje sobre mí solo me da a entender que alguien tiene temor, y no soy yo.”
Y tiene razón. En política, el fuego amigo suele encenderse cuando alguien representa una amenaza real, no cuando se es irrelevante. La trayectoria de Rivas, su preparación académica, y, sobre todo, el respaldo que ha generado en tan poco tiempo entre la militancia panista, son señales claras de que no se trata de una figura improvisada. Es joven, pero con una visión que muchos veteranos han olvidado: la de servir con el corazón y con principios.
Resulta preocupante que en un partido como el PAN, cuya identidad histórica se ha construido sobre valores como la ética, la familia y la vida, existan actores dispuestos a traicionar esos principios para evitar perder poder. ¿Qué clase de mensaje se está enviando a los militantes y a la ciudadanía cuando la confrontación sustituye al debate, y la desinformación toma el lugar de las propuestas?
Rivas lo dijo claro: “Si esa es la ética y los valores de esas personas, debo trabajar más fuerte por ser mejor hombre y nunca fallar a mi institución.” No solo es una respuesta digna, es también un llamado de atención. La renovación del PAN no se logrará con calumnias ni con ambiciones personales disfrazadas de preocupación institucional. Se logrará con líderes que crean en el partido y que lo vivan con convicción.
Es momento de que los panistas decidan qué tipo de partido quieren construir hacia el futuro: uno basado en la mezquindad, o uno que realmente abrace sus principios de acción, servicio y compromiso con México.
Porque al final del día, como bien dicen: el que nada debe, nada teme. Y en esta contienda, parece que el temor lo tienen otros.
