
La actual administración morenista, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, se encuentra en una encrucijada diplomática con Estados Unidos que pone en evidencia contradicciones con las críticas de su líder moral, Andrés Manuel López Obrador, en tiempos anteriores. En el pasado, López Obrador acusaba a los gobernadores neoliberales de ser sumisos al gobierno estadounidense, incluso criticando sus frecuentes viajes a Washington y sus reuniones con funcionarios estadounidenses. Sin embargo, en la actualidad, la situación ha cambiado, y la postura del gobierno de Sheinbaum ante los mismos actores que antes eran objeto de críticas es completamente diferente.
En los últimos días, hemos visto cómo el gobierno de México ha acelerado las negociaciones con Estados Unidos para evitar una posible imposición de aranceles, un paso que podría desencadenar una recesión económica en el país. Aunque Sheinbaum ha mantenido una postura más cautelosa, evitando el enfrentamiento directo con el gobierno estadounidense, lo que queda claro es que la administración actual se ve obligada a negociar y buscar soluciones que protejan los intereses económicos de México.
Es especialmente notable el enfoque de Sheinbaum al tratar de evitar la imposición de aranceles y al mismo tiempo dejar abierta la puerta a la posible entrega de criminales buscados por Washington. La presidenta expresó que no cree en el enfoque “ojo por ojo”, lo que implica que no está dispuesta a tomar medidas reactivas a las amenazas estadounidenses, pero sí está dispuesta a negociar. Esto refleja una postura pragmática y centrada en los intereses nacionales, pero también puede ser vista como una contradicción frente a la retórica de confrontación que antes caracterizaba al movimiento de la 4T.
Además, se destaca el énfasis del gobierno de México en la migración como uno de los principales temas de la negociación, con Sheinbaum reconociendo que, en caso de que la economía mexicana caiga, aumentará la migración. Esta preocupación legítima sobre el flujo migratorio y sus implicaciones para el país refleja las tensiones entre la seguridad económica interna y las demandas internacionales, pero también pone en evidencia la dependencia de México de los acuerdos con Estados Unidos en este tema.
En resumen, el gobierno de Claudia Sheinbaum se encuentra en una posición compleja, intentando equilibrar la necesidad de mantener buenas relaciones con Estados Unidos, mientras enfrenta críticas por las contradicciones en relación con las posiciones adoptadas por su movimiento en el pasado. Aunque la diplomacia pragmática y las negociaciones con Estados Unidos son necesarias para proteger la economía nacional, también es importante que el gobierno no pierda de vista sus principios y no caiga en la dependencia de decisiones que contradigan su discurso sobre la soberanía y la independencia nacional.